10 de agosto de 2013

Canción desesperada

No soy de nadie y nadie es mío,
no quiero tener a nadie,
pero sí quiero que me tengan.

Me pesa la vida como alquitrán,
necesito ayuda, ¡Ayuda por favor!

No soy de nadie y a nadie quiero,
pero necesito ayuda para caminar,
necesito ayuda para amar,
necesito ayuda para llorar,
necesito ayuda para dejar de ser un estúpido.

Y no me soporto ni soporto al mundo
desde mis ojos.

Me resisto a crecer, a la responsabilidad,
esa palabra tan fea y tan difícil.

Dicen que a quién sabe usarla,
se le recompensa con maduros frutos.

Pero no me gusta la fruta, me gusta el ron.

Toda esta posesión me aniquila,
porque nada poseo, nada soy,
no quiero poseer ni ser,
no quiero conciencia ni libertad.

Lo perdí todo en sucesivos veranos,
y en sucesivos veranos me lo recuerdo.

Que alguien venga a ayudarme,
¡Ayuda por favor!

No soporto este peso del cosmos,
directo y seco contra mi cuerpo,
contra mi cabeza perdida,
contra mis manos sin ilusión,
y mis agotadas piernas.

Nada quiero, a nadie quiero,
¡Sólo pido amor! ¡Sólo entrego amor!

Que alguien venga a recogerlo,
o acabará por volverse indiferencia,
y moriré por dentro.