Me sumerjo en la sangre:
Resurjo con el huevo de oro.
Saqué las raíces a la aurora
y las flores sombrías fallecieron.
¡Qué ridículo el yo, la figura,
al yacer los ojos en el templo del Águila!
Supe ascender,
-Supe, sin saber-
Y en mil lomos, unicornios de viento,
buscaba el lugar de yo no se donde.
Nunca llegué. Me recibieron.
"Para entrar aquí has de ser Niño,
bailar a la luz sin pena ni miedo"
Sucedió que caí.
Me estrelle contra la magia luminosa de un río.
Los guijarros eran zafiros, esmeraldas, rubíes,
y de pronto lo supe:
Me abrí.
Nada había cambiado.
Nada era lo mismo.
Mas ya sentía el estruendo de la danza cósmica.
La reverberación de los aleteos vibratorios.
La canción deliciosísima de la revelación.
El llanto del despertar de los bosques,
el susurro del agua por retornar.
La aureola.
Recuerdo:
Custodiaba un viejo oscuro el umbral.
"¡Memoria, miedo, tiempo! ¡Condicionamientos!
-reía y reía- Deberás dejarte atrás si quieres pasar"
¿Qué realidad hay mas real que la realidad?
¿Acaso este sueño es tan solo una parcela,
una partícula de cuanto llamamos infinidad?"
Nací de una nube hacia la cumbre del negro,
y allí yacían todos los colores.
Intención.
Cambiarás el mundo si entras en la fuente.
¡Alborotaba un lococo y pequeño duende!
"¿Cómo se cambia?, dime estúpido hombre,
¿Cómo se cambia si todo es presente?"
No hay diferencia porque siempre has sido.
¿Crees que eres diferente al que eras de niño?
¡Nunca se cambia si todo es presente!"
Volví a caer.
Qué difícil es recordar,
que difícil es olvidar.
En la punta de la lengua tenía una verdad,
pero ¿Quién puede acceder a ella con la mente?
Las brujas rieron con su aliento de azufre.
Pálida rosa, ópalo, bebe ensangrentado.
Acusación.
Enanos dientespodridos, narizesganchudas,
señalaban la fuente con sus minimuñones.
"¡Por allí, por allá, minimalabar malabarista,
llega a la fuente, esta cerca, descifra la pista!
¡Por allí, por allá, minimalabar malabarista!"
Llegué.
En un politopo regular de cristal
se hallaba una fuente de reluciente pirita.
Ésta manaba chorros de denso azabache,
cantaba la sirena calamar, cantaba
su nota infinita.
"Holala, malalabarirista, ¿vienenes por tutu pista?"
Silencio.
El politopo comenzó a girar y abrió un abismo.
Caí.
Las palabras se me quedaron arriba.
Aparecí, desaparecí. ¿Salto cuántico?
Era y no era. Y ahí residía la verdad al enigma.
Todo el caos es la fuente de la armonía.
El cerebro traduce a realidades la energía.
Los sentidos los codificadores del abismo.
El mismo abismo por el que yo caía,
y caía, siempre, nunca.
"Todo depende de como yo lo vea"
Creación.
Cogí una sombra y la hice mi almuerzo.
Cogí una luz, y orquesté: Detuve la rueda.
Lancé los planetas fuera de sus órbitas,
hice congelar el tiempo, la ola, el viento.
Luego olvidé.
Olvide que el caos era la vida,
y que podía acceder a su reinado
para transmutar mi realidad
en cuanto yo quisiera.
Entonces tuve un mundo en la punta de la lengua.