Parasito de mí, me vive una sombra
que largamente me ha acompañado,
y que por haberme acompañado siempre,
ya no la recuerdo ni soy consciente.
Sombra que cierra, que a todo se cierne,
que se nutre de la joya resplandeciente,
oscureciéndome como una fúnebre capa,
ya no la recuerdo ni soy consciente.
Hechicera magnética de mi pensamiento,
canta la nana horrible, la sangre fonética,
la palabra se clava con furia en mi mente,
y todo, siempre, lo vence el gélido miedo.
Y hay un niño que siente, suplica y grita...
Un niño tras la máscara del hombre muerto.
Y hay un niño que siente, suplica y grita...
Detrás del miedo brilla un tierno sentimiento.