Cuanto más, menos; así parece estar educándome esto que se
supone llamado vida: olvidándome de
todo lo aprendido y volviendo a entender que no son los tópicos menos ciertos por
tópicos. Dado que el arte bien hecho sólo habla de la sencillez y la facilidad -¿a
quién le gusta ver a una bailarina esforzándose por bailar?-, es esa misma ausencia
de dificultad aparente de la que hablan los lugares comunes que además y, mágicamente, son territorios complejos. Yo siempre supe que el arte era un
asunto intelectual; hasta que lo olvidé. Me alejé de todo lo básico por considerar
que lo complejo, por complejo, era bello. Pero es que hasta en la belleza de lo
oscuro hay sencillez.
Lo diré dando a cada palabra el valor inmenso que posee, a
la asociación de las palabras la sabiduría incalculable que las une: todos los
caminos llevan a Roma.