Yo me
tendría que haber muerto,
el día que mi madre dejó de darme teta,
a los dos días de nacer.
Desde entonces todo ha sido una mierda,
constante,
y estoy cansado de siempre quejarme
y llorar
y sufrir
y morir en puta vida,
porque muerto estoy,
sin alma y sin voluntad,
sólo me queda este cuerpo
que se queja y escribe,
se queja y escribe,
se queja y escribe.
Miro a la vía del tren y no tengo valor,
¿pero cómo es posible?
¿No tengo valor para vivir,
y tampoco para morir?
Debo ser una broma de la existencia,
como todas las demás,
pero más seria,
y más triste y consciente.
Ojalá venga el tren
y me arrolle,
y me arrolle,
cómo nunca se atrevió a hacer;
ojalá venga pronto
y acabe con el tedio.
¿Dónde está mi teta?
¿Acaso yo no tengo derecho a mamar?
¿No fui un buen bebé?
Por eso te amo, madre,
te amo y te extraño porque me faltas,
desde mi segundo día.
Te amo, mujer,
te amo a toda la que tengas pecho,
y des vida,
y ofrezcas tu seno a mi boca hambrienta.
Te amo y despierto
y las vías del tren son acero pesado
y mi vida también,
y sufro y no sufro,
imagino que sufro y es peor,
porque es más cierto.
Te amo, mujer,
te amo porque no existes
y me abandonaste al mundo
y el frío ganó.
Allá se acerca el tren de las dos,
cada vez más rápido,
y más fuerte,
y más potente hacia lo que queda de mí.
Que pase el reloj y se acaben sus horas,
porque no son horas ni nada,
porque no soporto el tedio,
y muero,
y muero sin nadie que me abrace.
Soy un niño, joder,
y nadie me enseñó a vivir,
nadie me preguntó si quería,
o si amaba la vida,
o si me amaba ella a mí.
Porque no, no nos engañemos,
me odio, como todo lo odio,
porque estoy solo y solo muero,
y no me queda nada cuando no estoy.
Rápido, más rápido,
tren inevitable,
arrebátame la sonrisa cuando escape,
no me permitas ser feliz.
Arróllame con tu fuerza,
con tu fuego hazme hervir,
y borra de este rostro triste la opción de esperanza.
Mátame ser inmundo,
te llaman vida y vida no eres,
sólo un tren cargado de muerte,
que alumbra mi posible adiós.
Arróllame, llévame contigo,
no soporto esta herida,
que tanto tarda en cerrar.
Aliméntame, dame tu abrigo,
en la noche hace frío,
y yo no sé respirar.