La literatura lo incluye todo.
¡Qué sinvergüenzas los poetas,
que dicen tantas cosas,
pero no saben nunca por qué las dicen!
Las personas inteligentes
son más infelices.
Quizá esto no se haya dicho así, pero yo lo intuyo por un
razonamiento lógico derivado de eso que se dice: la ignorancia es la felicidad. O eso otro: los tontos son más felices.
Ambas afirmaciones son ciertas sólo en parte: una persona inteligente será infeliz hasta que no aplique su
inteligencia; esto es, hasta que no estudie literatura, y por ende, filosofía. La persona inteligente será infeliz siempre si no lo hace; su hiperautoconsciencia –condición propia de quienes son inteligentes – siempre le
estará advirtiendo, más o menos expresamente, de que no está cumpliendo con su
cometido.
Esto es eso que se dice de que para ser feliz hay que sentirse realizado.
Pero quien se preocupa en conocer, de la manera en que sea –pues
todos los hombres y sus artes hablan de lo mismo – terminará, inevitablemente,
siendo feliz.
Al fin lo he comprendido: el arte es un asunto intelectual.
Quien diga lo contrario, miente. Miente deliberadamente,
porque se reconoce como mal poeta:
un poeta sinvergüenza y pretencioso.