15 de septiembre de 2014

El misterio me asedia. La mirada inquieta y curiosa del gato es mi mayor entretenimiento. En el aleteo de sus orejas encuentro la más dulce canción de amor. En el otro, en cualquier otro de cualquier ciudad que no es la mía; en los habitantes de los mundos que no conozco pero que sí imagino, en su geométrica rutina hallo el enigma.


Desde mi ventana llueve y el olor del caldo reventado y disuelto sobre el sucio asfalto, me embriaga los sentidos con recuerdos de vidas pasadas.



Cada vez que no miro un espejo se me aparece la incógnita. Y cada vez que lo miro, la duda se acrecienta. En el misticismo encuentro un lugar sobre el que derramar mi cuerpo; sólo en su intangible nube de certezas olvidadas, encuentra reposo lo que me analiza desde dentro.



Y sólo ahí, en la vereda de sombras que no disimulan su luz, mi Demonio guarda riguroso silencio.