15 de septiembre de 2014


Fausto me invade las entrañas y sangro todo lo que no he llegado a comer, es sábado y no lo sé, como no sé quien soy, ni donde vivo, ni sobre qué ordenador escribo estas palabras que no son mías, como nada lo es mientras agonizo en este mar de voluptuosa infructibilidad que me asciende a los infiernos de los que nunca debí salir. Mientras lloro, una mujer bella llora en alguna parte del mundo y yo no soy su abrazo, ni lo que queda de ella después de otra decepción, ojalá pudiéramos abrazarnos en un eterno suicidio para calmar nuestra sed de lodo, como el lodo que me invade y sube por mis rocosos brazos hechos para el placer y la ternura, pero que no encuentran lugares sobre los que posarse a disfrutar del cálido aire que supura mi corazón deshabitado.