9 de septiembre de 2014

Todos los años, al llegar septiembre, me nace un brote de locura /¡Ah, bendita locura!


Huele a libertad, pese a estar entre cuatro paredes que son una jaula /¡Bendita jaula!



Ahí fuera abunda la verdadera locura. Cada vez que salgo de casa, veo a esos seres de carne como la mía, que se cruzan sucesivamente, y llevan a cabo numerosos trueques, ¡pero sin compartir su bendecido amor! 



Ante tal situación, no me queda más remedio que quedarme en casa durante los días laborables. Y aquí, al estar encerrado en mi propio pensamiento y en lo que se aleja de él, me vuelvo loco. Es por ello, que los días festivos salgo de casa, de noche por supuesto, y me entrego al goce del ron /¡Y qué dulce goce!

Luego, llega Escorpio con su yugo y me mata. Algo en mí cae por su propio peso, por lo que me arranco una fina pero opaca capa de piel. Y me dejo cambiar, muy lentamente.