11 de agosto de 2015

Canción del niño de ciudad

El niño que una vez fui
creció en reinos de metal,
lejos del áureo jardín,
lejos del río y su paz.
Ni rosa, ni verde colina...
Un Madrid muerto y gris
y una infancia artificial,
una falta siempre en vida.

¡Tantos poetas que cantan,
-con nostalgia me decía-
al ruiseñor y al jilguero,
a la higuera ya podrida!
Esta vieja España de oro
que ayer nutrió de alegría,
daba a mi niñez tan solo
una tierra negra y fría.

Y, Dios bendiga el azar,
recuerdo con luz el día
que sin querer encontré
una floresta perdida.
Si, Dios bendiga el azar,
pues en aquella floresta,
hallé la higuera podrida
a la que cantó el poeta.

Lejos los hombres y el mal
palpitante en la ciudad,
un niño amaba una higuera
y la higuera se hizo amar.

Niño tumbado en la hierba,
Niño entregado a soñar...