Mi corazón tiene ojos sinceros
que se abren a la noche.
Velan abiertos, alerta en el negro
como magnos luceros.
Dos medias lunas dignas de Nictelio
alumbran la honda pena,
una luna es el Espíritu Santo,
y otra el alma que llena.
Las maniacas aguas ya son remanso,
y el limo fue disipado
en destellos fulminantes y francos
que mis ojos dispararon.
Blancas palomas desvelan el misterio
en luminoso vuelo.
La palabra acalla su canto,
el silencio es perfecto.