La antiquísima hilandera
no repara en su labor
de tejer, sin compasión,
las cabezas con estrellas.
De luceros su cajón,
de planetas sus madejas,
hilos que a las almas unen
giran, giran en la rueca.
Pone una estrella en el cielo
y una cabeza en la tierra,
va bordando en negros velos
leyes de correspondencia.
Teje y tañe, con prudencia,
el reluciente galón
que une nuestro sino y son
con la celeste cruceta.
¿Dime, araña, para qué
tu tela de luz repleta?
¿De qué fuerzas soy guiñol,
anciana titiritera?
Tus encajes de oro blanco
solo me han traído pena.
-Agujas de aureo dolor,
ovillo de luna llena-
Me hablaste en sueños, oh vieja,
tu onda en el hilo resuena.
-Agujas de aureo dolor,
ovillo de luna llena-
Y aunque tu voz mi voz sea,
no se si darte perdón
¡Tú me arrojaste a estas tierras
clavando mi corazón!