8 de septiembre de 2015

El dibujo de un loco

Soy el dibujo de un Loco.
La víctima de los delirantes,
La parodia de un esquizofrénico
que baila y proyectan sus espejos rotos.
Soy feo, 
contrahecho,
enfermo de los pensamientos,
soy siempre lo que otros quieren que sea,
soy el reflejo de un Loco.
¿Mi realidad dependiendo de los sustantivos,
Adjetivos, de los verbos que se clavan en la carne?
Soy un esquema roto, un cigarro, un gordo,
el alumno que siempre llega tarde.
La dadiva de un paranoico
que baila con su madre.
Soy mágico,
verde, el aire apestoso de un pozo.
Soy el moho en las pezuñas de un cerdo.
Soy el dibujo de un loco.
Mi nariz se cae a trozos, mis manos,
mi ser no es ser sino en el dibujo extraño de Charles,
una flecha que lanza todo lo que no es Dios.
¡La camisa de fuerza! ¡La camisa de fuerza!
De vez en cuando
me hacen tomar un almuerzo,
de vez en cuando salir con mis amigos
a beber y a olvidar a mi creador enajenado.
Tengo las aristas dobles, la cabeza borrada, soy a lápiz.
Bailo por las irrealidades comiendo todo sin quererlo.
De los hijos de los hijos soy un reflejo.
Existo en un papel arrugado,
en un pergamino, en la saliva de una enfermera,
en los códigos de barras del supermercado, en tí,
hombre neurótico.
¡La camisa de fuerza! ¡La camisa de fuerza!
No se si solo tengo realidad por vuestros pensamientos.
Mis sentimientos están dibujados por un hombre que no esta cuerdo,
probablemente por un poeta, por una niña muerta,
por una flor bajo el sol curvada, por los locos.
Así se desarrolla mi vida, 
como una enfermedad demasiado vil.
Como una no voluntad,  como una visita al medico sin salida,
como trece nereidas gritando agudamente en una cueva sin puerta,
como una persona mala y aguda clavando sus uñas en mi carne al infinito,
como un cable negro que emite la electricidad de un puerto a otro,
como la visión de un tuerto de los mundos que nunca ha visto,
como el carro de la compra del presidente de los Estados Unidos,
como un salon lleno de gente conversando groseramente,
soy el dibujo de un loco.
Pongan las pinzas en la carne blanca y blanda de las sienes
de quien me esta dibujando.
Me dibujó con los ojos demasiado abiertos,
con carbón, con recelo y sin mucha ilusión.
Después me arrugo y me tiro a una esquina.
Así se desarrolla mi vida.
Soy comida de los otros,
un cuenco de la leche astrina,
un delirio inagotable, interminable, un cancer, un sida.
Soy en tu cuarto, un hongo.
Un sin sentido, un aburrido, un hombre destrozado,
negras letras en tu página,
Soy, somos,
el dibujo de un suicida.
La carta de despedida, la nausea, la nausea, la vida.