6 de septiembre de 2015

Toma, con calma, las manos de mi alma,
te amaré de verdad.
De la lívida carne,
alma mía, mi amor no es el amar,
mi corazón no ama pronto o tarde.

Mi alma da y ama como una llama que
ni duda ni se apaga.
Y no es sombra o vanidad lo que clama,
así pues, ven conmigo,
toma, con calma, las manos de mi alma.

Pues como las bellezas palidecen
ante el perfecto brillo
que emerge de la belleza primaria,
así el amor fenece
cuando desde el centro del alma se ama.

Un amor blanco, de nieves sagradas,
nunca permitirá
que nos sobrepasen las madrugadas.
A lo que es verdadero
no le alcanza ni el tiempo, ni la espada.

Oh alma mía, yo en tu rostro no creo
ni en tu desnuda espalda,
En la suma de los dos solo siento
una luz pura y santa.
Te almo. Amando así...Como ama el alma.