8 de agosto de 2016

Por desgracia no me acuerdo
de cómo empezaba este poema.


Me gustaría bajar abajo
y dejarme llevar por algo,
¡lo que sea!,

con tal de poder sentir,
algo de color, un abrazo,
unas palabras dulces al oído,
¡incluso un te quiero!


Bueno, no...

Por desgracia, soy una desgraciada
y todo cuánto quiero ser
lo escondo bajo llave,
entre paredes que, como todo lo demás,

no sé si en realidad existen.

No sé quién soy.

Estoy confundida.

Quisiera bajar y recibir
un abrazo...


Quisiera poder abrazar.

Estoy confundida.

6 de agosto de 2016

Si nada vive separado,
cuando yo toco mis labios,
también ella los toca.

Pero entonces, ¿por qué esta soledad?

¿Por qué me siento tan aislado y vacío?

¿Y por qué lo dejaría todo,
porque ella tocara mis labios?

Si mi pensamiento dicta estas palabras,
¿porque sé que es algo más grande quien
lo susurra casi en silencio?

¿Qué soy yo?

¿Soy distinto de su tacto?

¿Son mis dedos otros dedos que nunca serán los suyos?

Si veo en todo lo uno,
y en lo uno veo todo,
¿por qué no soy ni todo,
ni lo uno?

¿Por qué me engaño con tanta amargura?

¿Por qué sonrío al cielo y lloro a la tierra?

¿Por qué, Dios mío, me pregunto?

¿Porque ella no está,
y sin ella yo no soy?

Si tan sólo tu viento me arrastrara,
como arrastra una madre a su cría…

Si tan sólo mis manos sintieran,
lo que tu piel en mí no acaricia…

¡Por qué esta condena!

¡Por qué este silencio!

¡Por qué se quiebran mis manos,
si no me roza la luna llena?

Doy palos de ciego;
mi carne se consume,
mientras mi amor tiembla.

5 de agosto de 2016

Mirarte,
mirarte
y no encontrar palabras.

Mirarte y volar,
y olvidar la tierra,
y ser el mar,
y volar y mirarte,
y no volar y mirarte,
y mirarte y mirar…

Como un trozo de piedra,
de otro planeta,
de otra galaxia,
que cae a la tierra,
y al entrar en el aire
ilumina el cielo
de la noche más negra.

Mirarte y mirarte
y no ver nada más,
aunque tú ya no estés,
aunque yo ya no sea.

Mirarte, mirarte, mirar y mirar,
no puedo hablar, mar y marte,
arte y mar.

Mirarte y ser, mirarte y crecer,
mirarte y oír, mirarte y amar.

Mirarte y perderme, mirarte y hallar,
mirarte y saber que el eco es verdad.

Mirar, mirar, mirar…

¡Mirad a la mar!
¡Mirad hacia el cielo!
¡Mirad o callad!

Pues si no la habéis visto, nada sabéis,
si no la habéis visto, nada miráis,
si no la miráis, en sus ojos, detrás,
nunca entenderéis lo que es mirar.

Mirar y escucharte,
escucharte y hablar,
ser luz y silencio,
sólo contigo mirar…

Mis ojos son mudos,
mi lengua serpiente,
mi corazón granito,
mi sueño la muerte.

Mas si te miro, todo se va:

sólo me quedan tus ojos
y el mar.

25 de julio de 2016

Toda mi vida fui un extranjero.

El único lugar en el que alguna vez me reconocí,
fue en la sonrisa, la mirada y las manos de Anael.

Pobre de mí, que veo su sonrisa, mirada y manos
allá donde descanse mi vista o mi pensamiento.

Pobre de mí, hijo de la obsesión y títere del amor,
que no reconozco en todo lo demás Su belleza.

Toda mi vida la pasé solo,
salvo cuando ella me dio refugio;
aún siento su calor subir y bajar
por mis venas, pero aún añoro su tacto 
como prueba de que es real.

Pobre de mí, me dije toda la vida,
mientras me alimentaba,
en el mejor de los casos, de vacío.

Pobre de mí, yo me repetía,
cuando ella estaba y cuando no,
cuando yo no era,
y cuando sigo sin ser.

Toda mi vida fui extranjero,
hasta que dejé de vivir por mí
para compartir mi amor y sublimarlo.

En ello estoy, mientras escribo
significados dormidos entre letra y letra,
mientras una voz me repite:

“Toda tu vida serás un extranjero,
hasta que te dejes llevar por nuevas manos,
una nueva mirada, 
y la sonrisa que en todo Ser reside.”

Pero mientras mi mente regresaba al pasado,
y mi ilusión construía futuro,
mi cuerpo se fue apagando, como la luz de una cerilla
que se consumió sin pasar la llama.

Pobre de mí, me dicen los gatos,
cuando en su mirada me convierto en animal,
y son ellos los amos.

¡Ay, pobre de mí!

Pobre de mí…

Pobre de mí, que no veo 
lo que el Amor me habla,
mientras mi mente me asfixia.

21 de junio de 2016

5.

Borracho te diré la verdad cobardemente desde una esquina,
alzaré la voz hasta vibrar en los tímpanos de los voluntariosos;
tus ojos soy, sin ser míos, mientras te observo… viento de ilusión.

Tú, montaña de tantos lados como oyentes;
a ti miro en mis oraciones, al beber y al rozar,
mientras estoy aquí y soy ahora.

Tú, madre y consuelo, abrazo y suspiro;
destilo tu aroma entre mis poros,
por los pliegues de mis dedos me derrito ante ti.

Tú, verdad e ilusión, mujer y sombra;
estoy mudo, en estos versos me escondo.

Olivia, que eres más de lo que sueño,
más de lo que veo,
más de lo que soy:

Tu corazón cuelga a seis metros del suelo,
a seis metros del cielo,
a seis metros del mío.

Olivia, que eres mente y halcón,
y más allá: tu silencio.

Yo, que no soy nada,
que me alimento de sueño,
me construyo en recuerdos que nunca fueron,
y me diluyo en las marcas negras de tu piel.

Olivia, que eres luz y cuerpo,
y niño te observo,
de noche en noche, de sueño en sueño,
con corazón fuerte y caminar lento,
con mirada firme y palabra torpe,
con tacto suave y oído ancho,
te escucho, imagino y extraño.

Estoy lleno de vino, de ti, de sangre,
soy libre entre los vértices de la espiral inalcanzable;
Olivia, o no Olivia; Yo, o no Yo… ¡Qué importa!
Mi Amor vive.

4 de mayo de 2016

¡qué festin! Inspirado por ¿quién? y dedicado a Monserrat Caballe

Vengan a regocijarse los no amados, 
los despreciados, los rotos, los humillados,
los polvorientos y proscritos, los pálidos y famélicos,
los insomniacos, hechizados, desplazados, infectados,
los desterrados de sus madres, los quiméricos, los malditos.
Vengan y acérquense los dolientes, los desmejorados, 
los afligidos y apenados, los flácidos, quebrados y convalecientes,
los sedientos de luna, los hambrientos de muerte, los noctámbulos,
los débiles, quejumbrosos, los enclenques, los ridículos, los nefastos,
los inadaptados taciturnos y arrastrados, vengan los que no tienen lugar.

Vengan prostitutas y bufones, asesinos y poetas, profetas y ciegos,
los errantes, los que son Nadie, los vagabundos y trotamundos, 
los realmente enamorados, los ladrones, los nómadas y los borrachos,
Acérquense piratas y yonquis, vagos, degenerados, esquizofrénicos y mudos,
histéricos, corruptos y viciosos, los ardientes y los helados, los estafadores,
los expulsados, los renegados, los miedosos, los reservados y los avaros,
los demasiadamente drogados, los evadidos, los no reconocidos, los listos,
los rabiosos y enajenados, los ultrajados, los coléricos y furibundos,
los que sienten con tanto dolor los mundos, los suicidas y melancólicos,
los sensibles, autistas, los airados y lastimados, los que lastiman,
los insensibles y marginados, vengan los que no tienen lugar.

Vengan con sus fiebres y sus muecas, 
con sus mandíbulas apretadas, con sus groseros llantos,
vengan en silencio, a carcajadas, o si quieren vengan gritando.
Muestren la podredumbre de sus heridas, la hinchazón de sus golpes,
la amargura de los dolores recibidos, la impotencia de los dones no entregados.
Vengan imperfectos, torcidos, desvencijados, medio arreglados y vencidos,
vengan pobres y sin nada en las manos, vengan con sus aspiraciones frustradas,
con la culpa de sus conciencias, con el fruto de sus pecados, pesarosos, callados,
con el tiempo a sus espaldas, con la vida en sus miradas, con la voz temblando,
vengan arrastrándose, mutilados, desesperanzados, perdidos, descorazonados,
nostálgicos de hogar y sonrisa, de gracia, belleza, y dicha, ensombrecidos,
aniquilados, asolados, derruidos vengan los que no tienen lugar.

Haremos una fiesta los incompletos, los ignorados, los antihéroes y perversos,
los indecentes, los horrendos, los irrisorios, los calenturientos y los grotescos,
Bailaremos con los huesos rotos, con las pieles entumecidas, con las almas podridas,
una danza hedionda, apestosa, inarmónica, una orgía enferma y sanguinolenta,
cantaremos mal, sin fuerzas, sin tono, casi como un lastimero y compungido quejido,
y como ángeles de las ciénagas de la sombra maldeciremos a los hombres normales,
y como ángeles de las ciénagas de la sombra maldeciremos a los hombres normales,
y como ángeles de las ciénagas de la sombra maldeciremos a los hombres normales.

Vengan hombres normales, gente con el cutis limpio, con empastes y perfume del caro,
gentes con mirada bonachona que pasean sonriendo con sus hijos de la mano segura,
vengan diplomados, biencasados, hipócritas e hipotecados, saludables deportistas,
falsos amantes, profesores y jueces, madres perfectas, lectores de grandes bibliotecas,
académicos y millonarios, vengan los correctos, los aparentes, los consecuentes y rectos,
vengan todos insectos de supermercado, jóvenes hermosos, arrogantes y malcriados,
superficiales, chismosos, equilibrados y educados, gente que ha cuidado con vanidad su cuerpo,
humanitos con el rostro bronceado, con conversación fluida, con encanto y una falsa alegría,
tranquilos, aceptados, recién lavados y dispuestos a comer el postre, el café y fumar el cigarro,
sonrientes hijos de puta, amables animales, gente sin sombra, vengan los que tengan lugar.

Acérquense guapitas, responsables y  diplomáticos caballeros, comerciantes nimios y humildes,
estudiantes centrados, funcionarios del estado, todos propios, correctos, urbanos y ordenados,
en fila india, vengan, cabales, justos, adecuados, adecentados, venid pilotos y cazadores, sastres,
camareros y gente en paro, vengan buenamente, sin descuidos, amparados en la aceptación ajena,
cumpliendo disciplinadamente, impecablemente, vengan presentables, irreprochables, graciosos,
simpáticos, con vuestro caminar entrenado, con vuestro gesto impoluto, corteses, apacibles,
con vuestro vano abrazo y vuestra palabra bien colocada, acomodados, apoderados, sumisos,
vengan con sus cuentas corrientes, con sus caras corrientes, con sus almas corrientes,
vengan mansos, acatables, creíbles, admisibles, comunes, mediocres, vengan los que tengan lugar.

Vengan, únanse a la fiesta, abogados, empresarios, gente decente de clase media, ilustrados,
considerados y gentiles, bien hechos, vengan los prejuiciosos, los pudorosos, los que discriminan,
desenvueltos y charlatanes, ordinarios, modestos, serviciales, pónganse sus mejores galas,
adecéntense, sonrían, canten con nosotros los malmirados, bailen con nosotros los postrados,
¡No queremos que lo pasen mal! Queremos también que estén invitados, será una gran noche,
traigan sus cámaras de fotos,  su bienestar y risita risueña, coctel de ira y resentimiento, ensueño,
palabras de mi alma, rostros que se mezclan, más resentimiento, memoria inflamada, pústulas,
mesas repletas de comida, cadáveres, astros en el cielo, grasa, sangre por los suelos, vengan,
vengan todos a la fiesta de mi noche, de mi imaginación, pelo, cubertería sucia, dientes desquiciados,
situaciones incomodas, risotadas, es una gran fiesta, vengan todos tengan o no tengan lugar,
si es que acaso no han llegado ya. ¡Bienvenidos cretinos! 


29 de abril de 2016

El Bastardo hijo de Zeus

Yo pertenezco a los mendigos, a los tuertos, los exiliados, los cojos, apestados e insumisos. Yo soy de los que huelen, los que incomodan, los mancos, decadentes, los ilusos.
Yo soy de los que lloran, los que ríen, los que gritan y los que sufren. Yo soy del mar y del aire, y de las estrellas y de ti.
Yo estoy hecho de barro, de lamentos, de costillas y de sol. Yo estoy hecho de carne y de sudor, de sexo, de música, de ilusión. Yo soy lo que no aceptas, lo que reprimes, lo que escondes y lo que te da la sed. Yo soy tu hambre y tu aliento, tu lujuria, tu escasez.
Yo soy la virtud, el cielo, la esencia, El Ser.

17 de abril de 2016

4.

Palabras pequeñas, imágenes borrosas...
Sólo en los sueños puedo nombrarte.


16 de abril de 2016

3.

¿Qué me importa tu encuentro, si tu voz aún resuena en mí?

¿Y mirarte? ¡Cómo podría pedir más!

No, no es el baile de mis dedos sobre tu piel lo que añoro,
ni el sonido de tu risa, o tus mejillas ardiendo,
no, todo eso ya me posee, sin reloj por testigo;
es tu luz, ojos negros, la que me ciega.

Y con los ojos cerrados te veo brillar,
eternamente,
salvajemente,
mientras me devoras en silencio.

El Sol, el Fuego y Tú.

Y el manto negro de mi vida se escapa hacia tus ojos,
como el misterio de las estrellas,
mientras me absorbes los planetas,
y me transformas en luz...

Y en luz, ojos negros, nos reunimos:

El Sol, el Fuego y Tú.
2.

¡Ay, ojos negros! Otra semana más, quizá dos, me faltan para verte.

Con vino blanco te he encontrado y con vino blanco te olvidaré.

¡No! ¡No! (vencido) ¿A quién quiero engañar?

Tengo tus lunares clavados para siempre en mi mirada.

Su tacto… su tacto… tu piel y tu hechizo.

Ay, ojos negros… te hablo por aquí, porque ni borracho me atrevo…

…ya sabes, a mirarte.

Tengo un don para ver más allá de los muros del corazón,
y una pena para sólo observar su secreto.

Quisiera encerrarme contigo sin tiempo ni alcohol,
solos en un lugar, tú y yo,
y que los muros de nuestra carne se fundan hasta desvelar el misterio.

Quisiera hacerlo todo contigo.

Quisiera, para empezar, poder hablarte…

¡Pero soy un mendigo! Hijo de la soledad y el destierro…

¡Ay, Olivia! ¡Si te observo todo se detiene!

Si te miro, el deseo me vence… ¡Y más que el deseo!

Si te miro, quedo mudo y ciego, sordo y tuerto,

Si te miro, Olivia, sólo a ti: mi secreto te pertenece.

Ay, ojos negros… si tan sólo pudiera hablarte…

9 de abril de 2016

1.

Me hipnotizas, ojos negros,
mientras tu luz me atiza los huesos,
los párpados, la piel, y el alma.

Me fascinas cuando te miro,
con los ojos cerrados, y te desviste
mi imaginación, mientras a mi imaginación
la desvisten tus labios.

¡Tu piel qué es!

¿Qué soy yo cuando no la elevo al altar de la Adoración?

¡Nada! ¡Nada soy si no me pierdo en ti!

Y qué importa tu cuerpo, o el mío, o el tiempo que los una,
si tú ya me habitas...

Si ya navego de tu mano más allá de este mundo,
sobre los mares de Belleza que al sentirte imagino…

Si ya estoy completo, sólo con haber escuchado tu voz,
con haber visto tu sonrisa, y haber muerto en tu mirada.

¡Ojos negros! ¡Tengo alas para volar!

Me inundas; me desbordas ojos negros…

Me hipnotizas, ojos negros,
mientras tu luz me atiza los huesos,
los párpados, la piel, y el alma.
0.

Te quiero pedir perdón.

Porque yerro, porque fallo;
porque me contradigo y contengo multitudes.

Me creo imperfecto; busco la Perfección sin mirar al Presente.

Tú me diste forma,
un sexo, un nombre,
una calle y un colegio.

Y Tú me los quitaste.

Un padre, que me nombró como él,
su trofeo;
una madre, que me quiso niña,
y con polla, pelo y machismo lo consiguió.

Hoy, una mujer a la que he acercado mis labios,
al acercar ella su rostro, para darme su nombre,
y su calle, y su colegio, y sus padres… ha llorado.

A lo largo de mi vida he hecho llorar a algunas mujeres.

A muchas.
Muchas...

Demasiadas.

Mi culpa se agarra a lo alto de mi espalda,
y logra que me cueste andar.

Quisiera ser como el Cristo,
y entregar mi efímero cuerpo por el perdón de la humanidad.

Pero sólo me queda su culpa, su puta culpa.

Qué vulgar, como esta puta transición que vivimos.

Como todos los putos Géminis, que nos vanagloriamos de nuestro séquito de muertos,
Leopoldos, Pessoas, Márqueses, Manueles, Macartneis, Devendras, Dylans, tristes Ginsbergs,
Lorcas y la piel, y el coño, y las cuerdas, y Tú.

Mi culpa, con la que estrello la cabeza de mi hermano contra una puerta metálica,
cuando sueño, porque sueño mi infancia,
la misma que las luces de la calle,
que me violan con sólo abrir los sentidos.

Mamá: te quiero follar, como tú querías follarte a tu padre.

Y a mi prima, también me la quiero follar: Sueño con ella.

Qué vulgar, qué apestado…

Mandadme al paredón, ¡ya no soy un ahorcado!

Os pido perdón, Te doy las gracias;
Desde que sé que no soy, nada me falta.

No soy Miguel; no soy tu hijo;
No soy tu hermano,
ni tu amigo...

¡Dejadme Ser!

¡Dejadme Ser!

¡Dejadme Ser!

Y si acaso, que me deje yo…

Soy un anciano, un niño;
soy una flor y el Demonio;
soy la caricia y tu sangre,
la virtud, el engaño…

Perdóname… ¡Perdóname!

Porque no Te sirvo cuando te pienso;
porque… porque…

¡Porque no me creo tú!
¡Señor! ¡Sin barba, ni forma, ni nombre!

¡Ella! Ella… ella…

Mi madre, anael, mis hermanos, yo…

¡Mujeres! ¡Mujeres! ¡Mujeres!

¡Ay! Las cicatrices que me empeño en remarcar,
los ojos que me brillan como Cosmos antes de la guerra;
las mujeres que me agreden,  y la vergüenza que me invade…

¡Ay!, por no mostrarle mis tetas o mi coño… o mis deseos de violar la inocencia.

Manuel me abraza, como la Madre, como la Vida, como la Tierra.

Yo pienso en Olivia, y en mi culpa, y en el vino,
y en poder comprender, y que mis Hermanos comprendan.

Y cuando no pienso me desvanezco, y se calla el loco;
Su piel se vuelve real.

El Abismo.

El Misterio.

Olivia, olivia, olivia…

24 de diciembre de 2015

Hay raíces que son, por ser amargas,
Madres de la amargura
que se retransmite y que nadie cura,
pues son recias y largas.

-El fruto de esas raíces se dice:-
¿Cómo Yo, en una vida,
voy a sanar la savia de una herida
de mil vidas urdida?

¿Acaso en mi tiempo podré curar
algo que la eternidad
tardó infinitas lunas en forjar
para la oscuridad?

Así pues la Madre se torna Abuela,
y de su sangre amarga
el fruto bebe, se nutre y se carga
para que el dolor duela.

Son estás raíces, raíces de piedra,
como arterias de sombra,
hercúleas venas que ni el hombre nombra
que ni el rayo quiebra.

Olvidados nuestros nombres en la noche
la poderosa hechicería de la conciencia
es dadora de vida a la vida.

En el sortilegio, -¡Las cosas son cosas!-
me desconozco, pero siento en el corazón
esta suerte de brujería.

¿Levitaron?  ¿Ejercieron los milagros?
Podrán bajar tropeles de ángeles celestes
y no me asombraré más de ello
que del día a día.

El misterio es el profano sello 
de un embajador sin forma ni nombre,
presencia y silencio de una fuerza desconocida.

Ahora, dormida yaces como un cadáver,
y el olor de tu carne, tu tez enternecida,
tu aura que se encarna es un secreto
que apenas puedo comprender.

Nada comprendo y nada importa.
Yazco tumbado contigo,
y un viento amigo acaricia mi cara.
Somos dos cadáveres en la madrugada.


19 de diciembre de 2015

Canto al espejo

A ti te debo mi luz y mi sombra,
y por mostrármelas te honro en silencio:
hoy rompo esa agonía.

Cuando te vi por primera vez
sentí un terrible miedo.

Un rayo de luz se hizo visible
a través de mí.

Durante algún tiempo no pude soportar
la crudeza de tus facciones, tan reales,
la lástima que emanaban tus ojos,
pidiendo ayuda como el llanto de un bebé.

Me enamoré de ti.

Y mientras me recreaba en tu silueta,
en tu piel, olvidé el origen de mi miedo.

Hasta que volví a mirarte,
y miré más allá de lo visible,
hasta que no vi nada.

Y te odié.

Después te hice humano;
te acercaste a mí,
y construimos un hogar en común.

Y en tu forma humana entendí que no estaba solo,
que aquél de mi espejo se encontraba en todos los espejos.

Y entendí que no tenía forma, ni sexo, ni pensamiento.

Dejé entrar el aire en mis pulmones,
abrí mis labios y mis brazos,
bajé la cabeza,
pedí perdón y di las gracias.

Fue duro, fue largo,
será duro, será largo,
pero es.

Y te rindo este diminuto homenaje,
espejo mío, mi amor,
para recordarme el regalo
que me supuso encontrarte,
y para no caer en la vulgar ofensa
que me supone mirarte
sin mirar.
¿Existe el otro?

Tengo un traje que no es mío,
se desintegra, caen sus hojas
y yo las lloro, ciego, mientras
observo como mueren.

Miro al suelo, y mientras riego mi apego,
desatiendo los nuevos brotes
de las hojas que algún día habrán de caer.

El gato que me acompaña no es metafísico,
pero en sus cuatro patas, sus dos ojos,
su cerebro y su corazón descansa lo eterno.

¿Qué nos diferencia?

Nada.

¿Qué nos separa?

Nada.

¿Por qué le llamo gato y envidio la simpleza de su camino?

Porque soy un ignorante.

Y mientras me hago estas preguntas,
que no son mías, el sol sale y se esconde,
la luna asoma, pasea su luz, y también se va,
y ambos, como las hojas que cubren mi traje,
suben y caen movidos por la Gran Fuerza,
conociendo que el sol no todo lo abarca,
que la luna no ocupa todo el tiempo,
y ambos lo aceptan, porque no son sol ni luna,
no son belleza ni horror, no son tú o yo,
sino el Gran Uno, que no se pregunta,
porque todo y nada sabe a la vez.

¿Ser o no ser?

¡Ser y no ser!

Ser el viento que me atraviesa,
y no ser el que retengo.

Ser el agua que me agita,
y no ser ácido estancado.

Ser el árbol que soñó con caminar,
y no ser el humano que armado de sueños
quemó sus alas.

¿Existe el otro?

No lo sé, no puedo saber nada.
Mis sentidos se alían con el engaño,
mis palabras se prostituyen por halagos,
mis actos me delatan:

Soy mucho más de lo que imagino,
mucho menos de lo que muestro;
soy más alto que la altura,
más calvo que la calvicie,
más puro que la pureza…

…y sin embargo, no soy nada.

Mi cuerpo se agarra a mi cuerpo,
mis manos se convierten en puños,
mis pulmones, secuestrados, tragan humo.

Alguien ha tomado mi cuerpo,
adoctrinado en sentirse único,
condenado a estar solo.

Nada sé, nada siento,
pero todo soy…

¿Existe el otro?

Pregunta mi razón, perdida
en el camino único,
mientras juega y enreda su paso
para revestirlo de complejidad.

Nada hay más complejo que lo simple,
ni más simple que lo complejo.

Nada son mis palabras, ni las hojas que me cubren,
ambas caen, se pudren y ceden su espacio.

En lo más bajo de mi Ser habita un monstruo,
también él es bello.

¿Existe el otro?

¡Silencio, silencio, silencio!

15 de diciembre de 2015

Sentimiento falaz

Tímido, debil y delicado,
afeado por mi naturaleza enfermiza,
cómico para la mayoría de los hombres,
con un gesto de amargura por los venenos del tiempo,
yo, sin apenas estima propia, con la voz quebradiza
tengo que confesaros que el dolor de los amores me anega el alma.

Ahogado en mi propio tormento
que causa la marea horripilante de mi corazón,
apenas tengo ya una fuerza, una sonrisa, un buen gesto,
y cuando se ilumina la esperanza siento la tragedia que premoniza
que la ilusión que apenas me moviliza se quebrará sin tardanza.
Pronto se quiebra, pronto me retiro en silencio a mi habitación.

Es mi habitación un crisol del dolor,
y como el lejano cántico de los muertos son mis quejidos,
a los que añado otro por ser tan blando, patético y hundido
en la repetición de mi desventura, en la consistencia de mi amargura,
en el deleite que encuentro en el penar, en la melancolía y en la desesperación.
De tantas tristezas se forjó mi vida que ya en la tristeza encuentro mis alegrías.

Yo solo extraño ser normal, al menos acercarme.
¡Si pudiese encontrar una chica extraña como yo con la que amarme!
¿Ven? Otra ilusión a nacido para mover mis pies, y apenas consigo salir
¿De que serviría? Abandonaría mi habitación para la búsqueda,
oiría a las chicas reír, la nueva ilusión moriría, y volvería a mi habitación,
y les aseguro que no sería tarde.

Es la Muerte
lo que sella el beso de los amantes.
Sumidos en las profundas tinieblas,
una mano viene a estrechar a la otra
como dos cadáveres que vuelan
y solo una ilusión los calienta.
Las palabras de amor
palidecen hacia su desencuentro
pues se pierden en las oscuridades,
y en el fondo del subterráneo
reluce un espejo desnudo.
Y la sangre de la Promesa Eterna
yace densa y olorosa en el suelo
que el ciego romantico se empeña en lamer.
Tengo los cristales de las esperanzas
lastimando mis pies y mi sangre
se mezcla con la sangre vieja.
Es la muerte
lo que sella el beso de los amantes.
Me miro en el espejo repitiendo la frase,
y nada es más doloroso que el amor imposible
que brilla como una lejana estrella.




8 de diciembre de 2015

Mi alma,
anciana como la canción del agua,
goza dichosa cada giro de la rueca.
En el brillo de mis ojos
hay innumerables historias de las eras,
pronto retornaran a la sombra nocturna.
Mi mano es como la piel del roble,
poblado de cicatrices eternas,
por eso tómala, quien quiera que seas:
Camina conmigo haciendo el amor.
Amaremos y amaremos
hasta la primera luz del alba, y sin tristeza,
bailaremos juntos el último adiós
para volvernos a encontrar.
Las almas nunca abandonan el hogar
y cada mirada ya se ha consumado antes.

7 de diciembre de 2015

Mi poder es el poder
Mi deseo es el deseo
Mi tristeza es la tristeza
Y Mi alegría es la alegría
Mi hambre es el hambre
Mi sueño es el sueño
Mi amor es el amor
pues yo soy el ser.